Caminemos juntos, viviendo la aventura del Espíritu


            La palabra “aventura” entusiasma a la mayoría de las personas, especialmente a los jóvenes. Nos imaginamos la aventura con muchos componentes de novedad, sorpresa y diversión. También, para algunos, más inseguros, la palabra aventura puede asustar por su cuota de riesgo.


            Pero la palabra aventura además de este sentido, tiene uno que le viene de su origen. En latín la palabra significa: las cosas que van a venir”. Nuestro lema, pues, nos invita a “vivir las cosas del Espíritu que van a venir”.  Pueden ser cosas llenas de novedad, de sorpresa y diversión, pueden ser cosas que nos inviten a arriesgar… y también pueden ser cosas muy cotidianas: encuentros, amistades, búsquedas, esfuerzos, desafíos de superación, tropiezos que nos ponen a pensar, riesgos que ponen a prueba nuestro corazón y nuestras habilidades.


            Las cosas del Espíritu, no son necesariamente extraordinarias, pueden ser cosas muy comunes, pero llevan el sello de Dios. En ellas Dios actúa, a veces muy visiblemente, a veces tan silencioso y delicado que requiere un corazón y una interioridad con una especial sensibilidad para poderlo descubrir.


            La expresión “caminemos juntos” es la clave para ayudarnos a distinguir las cosas del Espíritu de aquellas que no lo son. La comunidad es el espacio de diálogo, de encuentro, de lectura compartida de la realidad externa e interna de las personas; la comunidad es el espacio donde compartir la propia experiencia de Dios y donde recibir el don de Dios que cada persona lleva en sí.


            Cuando uno mira sólo desde sí mismo y sus intereses, el mundo se estrecha y se llena de amenazas. En comunidad, caminando juntos, podemos descubrir no sólo cuánto bien nos hacen los demás, sino también cuánto podemos nosotros hacer por otros y cuánto más podemos hacer juntos. Así el corazón se ensancha y “las cosas del Espíritu que van a venir”, “la aventura del Espíritu”, se vuelve esperanzadora y se multiplica.


            No sabemos qué acontecimientos nos aguardan en este 2016, pero sí creemos, que caminando juntos, la aventura del Espíritu nos aguarda en los rostros, en los hechos, en los rincones más inesperados.


            Termino invitándolos ver un breve cuento, que por allá en el 2009, el entonces superior mundial de los salesianos, nos presentaba a la reflexión de la Familia Salesiana, deseándoles que un nuevo año compartido acreciente la unidad de nuestra comunidad.


 

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